23.4.14

EL ZAPOTILLO...

El Zapotillo: el autismo de un gobierno

Juan Carlos Guerrero.- Una vez más el gobierno de Aristóteles Sandoval le da la espalda a aquellos que confiaron en su palabra. Día aJuan Carlos Guerrero.-
Una vez más el gobierno de Aristóteles Sandoval le da la espalda a aquellos que confiaron en su palabra. Día a día, la figura que supuestamente reivindicaría las aspiraciones de los jaliscienses –luego de 20 años de panismo–, se ha venido reduciendo de manera vertiginosa. Esta vez, son los pobladores de Temacapulín, Palmarejo y Acasico, los agraviados directos del ya visible, estilo desentendido del gobernador Aristóteles Sandoval para ejercer el cargo.
Y es que como un balde de agua fría les cayó a los habitantes de dichas comunidades, la noticia de que el gobierno federal, por medio de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) y respaldado por el gobierno del estado de Jalisco, finalmente llevará a cabo la construcción de la presa El Zapotillo, construyendo una cortina de 105 metros de altura con la cual quedan condenadas a ser inundadas las comunidades antes referidas.
La decisión de inundar los tres pueblos que hoy día respalda el gobierno del estado, contraviene la orden emitida por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) en agosto del 2013. En la misma, la SCJN anula el convenio firmado por los gobernadores de Jalisco y de Guanajuato durante el año 2007, determinado que la altura de la presa debe quedar en 80 metros, con lo que se salvarían de quedar en el fondo de la presa los tres poblados.
Sin importar el compromiso público del propio Aristóteles ante los pobladores –y los jaliscienses todos– de no aprobar ninguna construcción que implicara la desaparición de dichas comunidades, al fin de cuentas, el gobernador traiciona su compromiso, justo a la usanza priísta de hacer las cosas durante el periodo de las vacaciones de Semana Santa, buscando con ello aminorar el impacto de la ingratitud del gobernador hacia los vecinos de Temacapulín, Palmarejo y Acasico.
En medio de esta indigna escenificación pública de los poderes federal y estatal dándole la espalda a esos miles de jaliscienses que de manera directa e indirecta tienen enraizada su vida en la zona que poderosos intereses insisten en desaparecer, vemos cómo de manera vertiginosa, los contrapesos del poder se van ajustando a los intereses del gobierno federal –sin importar poner en duda la orden de la SCJN–, siendo la tarea del gobernador de Jalisco la de hacerse a un lado y no hacer ruido; no en balde el infame autismo que en los últimos días han presentado las instancias de comunicación del Estado ante el tema de la presa El Zapotillo.
En una especie de ballet sarcástico –y muy común ya en casos como el que nos atañe el día de hoy– surgen voces, discursos que se pretenden mediadores, pero que en el fondo no buscan otra cosa más que la de ir cerrando la pinza del plan maestro del gobierno federal para que los agraviados finalmente se conformen y sean arrancados de cuajo del terruño –espacio único– que le da sentido a sus vidas.
Es por ello que en estos días oímos cosas como las dichas por el arzobispo de Guadalajara, quien conmina al gobierno del estado a cubrir en lo posible, los daños causados a los pobladores que serán reubicados. Esta aparente simple opinión, sitúa los hechos en el plano de la resignación, no importando que de por medio se encuentre una orden de la SCJN.
Son estas posiciones –entre muchas otras que despliegan un quietismo suicida– las que contribuyen al retorno flamante del autoritarismo en el gobierno del estado. De ahí que sea más que importante que los jaliscienses situemos las dos historias que corren respecto al tema de la presa El Zapotillo, para con ello, poder tomar una postura más justa.
La primera de ellas era –hasta hace no más de un par de semanas– que la altura de la cortina de la presa sería conforme al dictamen de la SCJN, de 80 metros, salvándose con ello de ser inundadas las tres poblaciones aludidas.
La segunda historia que aparece apenas hace unos días, surge de manera casi siniestra, nadie sabe de dónde vino, pero su trama central es que siempre sí, que sí se van a inundar los pueblos. Lo más escandaloso es que el gobernador de Jalisco, uno de los actores involucrados de manera capital en esta segunda historia, hace mutis en el momento crítico, en el preciso momento en que debería dar la cara por los jaliscienses.
Eso es autoritarismo. Ya no podemos cuestionarlo: el PRI está de regreso. De ahí, que ante el autismo del Ejecutivo estatal, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) haya exigido mediante sus representantes en el Congreso del Estado, llamar a cuentas a los titulares del Ejecutivo del estado, de la Semarnat y de la Conagua para que se respete íntegramente el cumplimiento de la sentencia de la SCJN.
Por último –y acusando un terrible contrasentido respecto a los derechos humanos de los habitantes de Temacapulín, Palmarejo y Acasico– es destacable que sean los panistas los únicos en aplaudir la actual situación que pone literalmente en la cuerda floja a decenas de familias.
Ellos, panistas, son los únicos que aplauden la decisión de inundar las poblaciones. Y no sólo eso, en una acción soberbia y altanera, le atribuyen sin tapujos ni pudor alguno –como si destruir la vida de esos cientos de personas fuera cosa de mucho orgullo– la imposición del proyecto  de la presa al ex gobernador panista Emilio González Márquez.
Vaya, formas viejas de pensar en la política, cegados del todo ante el clamor popular, mismo que los tiene en la lona electoralmente, y que al parecer no logran comprender.