26.4.14

EL ZAPOTILLO, EL FINAL...

La batalla final por Temaca
A las hermanas, a los hermanos, a los hijos ausentes, pero presentes, a las madres, a los padres, a las abuelas, a los abuelos, a los jóvenes, a las mujeres, a los niños y niñas, a los árboles y flores de la plaza, a las piedras, al Señor de la Peñita, a la iglesia, al aire y el viento… a Temacapulín:
Con la mirada puesta en el horizonte –aquel que todos y todas queremos–, ese horizonte de justicia, de libertad y de alegría, pienso y siento a este pueblo, que hoy se reúne en su territorio para seguir resistiendo, de pie, mirando con los ojos seguros, aunque cansados.
Hoy, como ayer, sentimos una profunda indignación, tristeza y rabia contra los poderosos que tienen las armas del desprecio, el autoritarismo, el dinero y las balas; aquellos que se dan el lujo, impunemente, de violar la ley que ellos mismos han escrito y burlarse de ella ignorándola.
Hoy, como ayer, tenemos los puños apretados dispuestos a seguir luchando, hasta que nuestras fuerzas nos lo permitan a pesar de sentirnos agotados.
Hoy, como ayer, nuestros corazones palpitan: ¡estamos vivos! Queremos vencer a la muerte, al atropello, a la imposición, a pesar de sentirnos presos de la sordera y ceguera de unos cuantos mercaderes de nuestras tierras y nuestras vidas.
Hoy, como ayer, nuestros cuerpos respiran el aire fresco de nuestros campos y huelen el eterno aroma de las flores, de los ríos, de la dignidad de la gente de este pueblo. Nuestros ojos ven los hermosos rayos del sol y el verde de nuestros campos, oímos el sonido de nuestros ríos y la campana de la iglesia y el reír de nuestros niños y niñas, sentimos el calor de nuestras manos que piden paz… aunque nuestros sentidos se estén debilitando.
Hoy, como ayer y pensando en el mañana, hemos comprendido que nuestra lucha no fue, no es, ni será en vano.
Hemos aprendido que la unidad y  la confianza mutua son las armas más poderosas que nos han permitido sostener nuestra lucha y perder el miedo.
Hemos vencido a la apatía, al silencio, al miedo, al olvido.
Estando juntos y juntas, hemos llorado, hemos reído, hemos marchado, hemos cercado, hemos resistido, hemos recordado nuestro pasado, nuestra memoria, la historia de nuestro pueblo y las hemos transmitido no sólo a nuestros hijos, hijas, nietos y nietas, sino a la gente de muchas partes del mundo.
Hemos recibido el apoyo, la solidaridad, el aprecio, el compromiso de hermanos y hermanas que se han reunido acá, en este pueblo, en esta plaza, muchas veces, y nos hemos sentido como hermanos y hermanas, porque a todos y todas nos quieren condenar a un presente y a un futuro sin esperanza y hemos logrado en esos encuentros reconstruir nuestra alegría, nuestra esperanza, nuestros sueños, hemos vencido al olvido, al silencio: ¡hemos tenido muchas victorias!
Hoy, los ladrones, mentirosos y traidores quieren inundar no sólo nuestro pueblo, sino también nuestros sueños, nuestro porvenir, nos quieren quitar, como en muchas partes de México y del mundo, nuestra voz y nuestra capacidad de decidir por nosotras y nosotros mismos, la construcción de nuestro presente y nuestro futuro.
Nos dicen que estamos contra un bien público que es el de dar agua a otros pueblos, que nuestros hermanos y hermanas de otros lados se morirán de sed si no se construye la presa. Todos esos argumentos que usan son una mentira, nos quieren confrontar entre pueblos. La verad es que nuestras aguas servirán sólo para seguir enriqueciendo las cuentas bancarias de políticos y empresarios, seguirán engordando las fortunas de ladrones y mentirosos a costa de nuestras tierras, de nuestras esperanzas, de nuestra historia, de nuestras vidas.
Por eso, hoy es cuando no podemos dejar de luchar, no podemos romper la unidad, la lucha, la organización, la movilización son nuestras únicas armas para combatir hasta el final. Si morimos, que sea de pie, para vivir por siempre. Hoy comienza nuestra batalla final, no habrá otras, hemos resistido, hemos puesto un no a la muerte y no tenemos más alternativa que seguir haciéndolo.
Unidad y dignidad son los instrumentos que nos permitirán seguir luchando y dejar a nuestros hijos, a nuestras hijas, a nuestros nietos y nietas, a los ojos del mundo que están puestos en Temaca, un horizonte donde la alegría y la justicia se las construye día a día, semana a semana, mes a mes, año tras año, como lo hemos venido haciendo, los hombres, mujeres, jóvenes, ancianos y ancianas, niños y niñas de este hermoso y amado pueblo.
Por último, esta lucha de años nos ha enseñado que sólo podemos confiar en nosotros y nosotras mismas, en nuestra propia fuerza, que los partidos, los patrones y los caudillos, al final traicionan a su pueblo. Nosotras y nosotros no podemos traicionarnos, no lo vamos a hacer.
¡Temaca no se rinde! ¡Hasta la victoria siempre!
Oscar Olivera….hijo ausente, pero presente. Cochabamba- Bolivia